Hermosa, alegre y de alma inmensamente generosa, capaz de entregar incluso su abrigo para aliviar el frío de otro. Su presencia tenía esa magia especial de iluminar cada lugar al que llegaba, llenándolo de risas, cariño y momentos inolvidables.
De risa fácil, espontánea y loca, transformaba lo cotidiano en algo cálido, entretenido y festivo. Tenía el don de hacer sentir bien a quienes la rodeaban, dejando huellas profundas en cada corazón que conoció.
Su mayor talento era cantar, y lo hacía desde el alma, con una sensibilidad única que emocionaba a quienes la escuchaban. En cada canción dejaba parte de su esencia, de su alegría y de su amor por la vida.
El niño de sus ojos, Renato, era uno de sus más grandes amores y orgullo infinito. A su lado también estuvo siempre su fiel compañera y prerrija, Britney, quien llenó sus días de ternura y compañía incondicional.
Hoy, quien la siente presente en cada detalle, quien la extraña y la llora cada día, es su mamá, guardando en el corazón cada recuerdo, cada risa y cada instante compartido con su querida Tiare. Su amor y su luz permanecen vivos en quienes tuvieron la fortuna de conocerla.
